Bitácora de Viaje a Oriente I. Taller de Ricardo Benaim (mayo-junio 2020)

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Bitácora de Viaje a Oriente I. Taller de Ricardo Benaim (mayo-junio 2020)
Bitácora de viaje: Daniela Díaz Larralde

Primer día: jueves 14 de mayo (día 65 de confinamiento)

“Este taller no está pensado para enseñar cómo hacer algo artístico, una obra, enseñar algunas técnicas. Es más bien un momento para encontrarnos y conversar de cosas que nos encantan: arte, cultura, vida.

En cuanto a la estructura que tiene el taller, yo les voy a pedir que imaginen una estructura de plastilina, es decir, una estructura que no es rígida, sino más bien moldeable. Porque creo que todo es moldeable, que no existe nada que sea verdaderamente rígido.

Ricardo Benaim

El propósito de este taller va en esa dirección. Yo siempre he sido libre, desestructurado, y lo que quiero es desestructurarlos a ustedes y que aprendan a sentirse libres, abiertos, conectados con el presente.

La experiencia, para mí, es como un peso en el ala. Se considera muy buena, muy valiosa, y ciertamente el paso de los años puede dejarnos aprendizajes de gran valor. Sin embargo, se convierte en algo que no aporta cuando quien dice tener experiencia se refiere a que cuenta con muchas referencias, a partir de las cuales suele establecer métodos, modos determinados de hacer algo que le brindan seguridad, sin ver que, justamente por ello, limitan su imaginación, su capacidad de invención y de reinvención, que son tan importantes para la vida y el arte.

La libertad para mí es lo más valioso. Hay obras y artistas con estilo. Artistas que buscan crearse un estilo propio para poder ser reconocidos. Pero cuando es eso lo que se busca, entonces muchas veces la obra pierde vitalidad. Y ese artista se queda como atascado repitiéndose y repitiéndose.

A mí lo que me interesa es una obra que esté viva, que me diga algo, que me permita reconocer lo que ese artista padeció creándola. Lo que inventó, lo que sufrió, lo que gozó. Me interesan los retos que parezcan imposibles. Es lo que he hecho y lo he logrado. Y quiero seguir así, libre, desestructurado, reinventándome cada día. Porque de lo que se trata es de saber estar dispuesto y abierto al cambio constante que es la vida, abierto a lo que cada circunstancia vaya trayendo. Como este encuentro entre nosotros, mágico, que se da gracias a este momento tan complejo e inusitado.

En estos tiempos, ese estar conectados con el presente y con nosotros mismos es lo que, además, nos permitirá encontrar respuestas creativas ante los fuertes cambios que nos exigen las circunstancias que vivimos. El mundo que conocimos parece que se extingue. Ese mundo que conocíamos se incendió. Nos toca ahora, y también al propio mundo, reinventarnos. Nos toca ahora, a todos, ser como el ave fénix que renace de sus cenizas.

Yo por eso cambio la experiencia por la vivencia.

Uno tiene que saber estar en el presente y no dejar que ninguna limitación, ningún parámetro preestablecido, ningún prejuicio te castre. Uno tiene que aprender a acallar la mente. Porque en la mente es donde están todos esos prejuicios, juicios, y funciona por su cuenta.

Para mí mente es ment-ira. Es mentira. Nos saca del presente.

Uno tiene que saber, además, que en el arte, en el proceso creativo, no hay nada que sea bueno o que sea malo. Una obra no es buena ni mala. Una obra es obra cuando el propósito inicial es genuino, es auténtico. El que crea así, crea desde su más íntima vivencia del momento, porque está en su presente, porque está conectado consigo mismo y con su más vital necesidad de expresarse tal y como es.

Eso es lo que hace la diferencia entre un artista con estilo propio y lo que se llama el sello del artista, la huella inconfundible que deja en cada obra que crea.

***

Segundo día: 21 de mayo (día 72 de confinamiento)

Luego de haber zarpado el primer día con viento favorable y mar en calma, tuvimos que enfrentar esta vez vientos fuertes y corrientes binarias que nos retrasaron un poco. Pero logramos sobreponernos, recibir a los nuevos navegantes que decidieron unirse a la travesía y retomar el rumbo.

Un rumbo que, sin embargo, no ha sido trazado con la intención de que todos lleguemos a un destino preestablecido. La idea es más bien que cada quien, mientras compartimos e intercambiamos ideas y emociones, vaya reconociendo o descubriendo su propia ruta.

Todos los que vamos en este barco hemos decidido libremente emprender este viaje. Cada uno de nosotros ha llegado a este punto de encuentro, que se ha abierto en medio de estas extrañas circunstancias, cargado de experiencias, creencias y expectativas propias, y lo que queremos es compartir como premisa común que el arte es un campo que ofrece herramientas para surfear la ola.

En tiempos en los que todo está en proceso de cambio y parece que el norte debe ser conseguir maneras de hacer dinero, de resolver el sustento, este taller aparece como una invitación a que nos detengamos un poco también a considerar el valor que tiene ser capaz de responder ante las circunstancias aportando algo de calidad, algo que realmente sea un aporte personal que tenga su asidero en lo más auténtico en nosotros.

Lo más hermoso de este viaje es que todos los que estamos en este barco somos diferentes y gracias a eso cada quien tiene algo que aportar que es único y que sin duda será enriquecedor para todos. De los intercambios es de donde nacen las cosas más hermosas. Y cada quien irá así encontrando en sí, y entre todos, ese lugar al que quiere llegar.

En estos tiempos, en los que todo es tan incierto, en los que el mundo entero está en un proceso de transformación muy complejo y difícil de precisar, es fundamental tomar conciencia de que lo que va a crear ese mundo que viene es el modo en que nosotros decidamos actuar.

Los ejercicios que iremos haciendo servirán justamente para ir viendo cómo cada quien resuelve una idea y la materializa. Muchas veces siento, en mis clases, que más que profesor de arte soy como el director de un orfeón o de un coro en el que hay voces agudas, voces graves, algunas potentes y otras más delicadas o más débiles. Y la idea es que cada una desarrolle lo que le es propio.

Este proceso que estamos viviendo no es racional. El que está en un barco en medio del mar, está completamente expuesto a lo desconocido. La razón entonces puede ser un instrumento que nos sirva para mantener el equilibrio, pero será vital aguzar la intuición, afinar nuestra antenas perceptivas y sensibles para poder responder ante esto que se nos ha venido encima y, sobre todo, para poder respondernos a nosotros mismos.

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Tercer día: 28 de mayo (día 79 de confinamiento)

Mar abierto. Un mundo nuevo por descubrir o por reinventar. Sin tierra a la vista, nuestro único horizonte es el borde de ese inmenso océano sobre el que navegamos, el borde curvado del mundo. Su circunferencia dibuja el espacio que habitamos. Bajo nuestros pies, solo el movimiento y la hondura.

Ricardo Benaim

Mundo que cambia, que nos cambia. Mundo que ya no es y que está en proceso de ser otra cosa. Es necesario entonces, en estos tiempos de incesante oleaje, reaprender, reinventar e incluso crear y recrear nuevas formas de ver, de sentir, de pensar.

Han transcurrido 79 días desde que comenzó el confinamiento. La cabeza que teníamos en los primeros días, la de antes, ya no era la misma 30 días después. Y esa ya no es la misma que la de hoy.

Todo está cambiando y lo primero que tenemos que reconocer y aceptar es que el mundo de antes ya no volverá. Se acabó. Murió. Sufrió un paro cardíaco y no sobrevivió.

Esa falta de asidero es fuente de incertidumbre y puede hacernos sentir mucho miedo. Pero el miedo es una emoción contraria al amor. Cierto que vale para mantener despierta nuestra atención, para pre-sentir derroteros errados, pero también puede impedirnos, si nos dejamos tomar por él, establecer conexiones libres con el otro, con lo que nos trae lo desconocido: nuevos intercambios, nuevos afectos, nuevas posibilidades de ser y de estar y de relacionarnos. Conexiones a las que solo nos abre el amor.

Es por eso que no parece equivocado afirmar que el amor es lo que puede salvar el mundo.

En estos tiempos de creación, de gestación de una nueva realidad, entran en juego dos fuerzas creativas fundamentales: la masculina y la femenina. Cada una responde a un proceso distinto, pero que debería poder reconocerse como complementario.

Por lo general, la energía masculina tiende a crear más desde el intelecto, desde lo racional que da lugar a la planificación, desde estructuras y modos de pensar que surgen de aquellas emociones que están más vinculadas a la acción. La energía creativa femenina surge, en cambio, desde honduras del cuerpo, desde una resonancia más íntima, cuyo ritmo ‒tempo en lugar de tiempo‒ abre espacios para una gestación que, más que racional, es orgánica, intuitiva. Es un proceso, por tanto, más reflexivo, más integral. De ahí que no sea posible la competencia entre estas fuerzas, pues entre ellas la relación con el proceso creativo no se da en los mismos términos. Cada una es necesaria a su manera y, por tanto, se complementan.

La intención fundamental de este curso es que sirva de canal para abrir conexiones, intercambios que, lejos de la competencia y el miedo, nos permitan recibir aportes enriquecedores, complementos que a veces ni siquiera sabíamos que necesitábamos tanto. Ante lo otro, ante lo desconocido, uno debe estar atento y abierto para poder reconocer lo que viene a ofrecernos.
Evitar esa tendencia a solo querer ver lo conocido.

Ante una obra de arte abstracto, por ejemplo, tendemos muchas veces a querer encontrar formas, a ver en ella lo que puede tener de figurativo, de reconocible. Nos tranquiliza la ilusión de haber comprendido o de haber encontrado algo de dónde agarrarnos. Pero entonces perdemos la oportunidad de recibir lo que esa obra, lo que esa abstracción viene a ofrecernos, que más que figuras o formas, suelen ser resonancias.

Debemos por tanto estar dispuestos, más bien, a resonar con ella, en lugar de resistirnos ante su efecto. Deberíamos resistir en cambio el impulso a reducirla a algo conocido. O si ese algo llega de manera inevitable, reconocer que siempre será un reflejo de nosotros mismos que esa obra nos ha permitido ver. Vemos entonces, pero después soltamos. Soltar las amarras siempre da miedo. Es una forma de saltar al vacío. Pero solo así aquello que se mueve nos con-moverá.

Sobre la obra y sus tiempos

Hablar del tiempo en relación con la creación de una obra de arte implica hablar más bien de “los tiempos”. Sin duda, cada artista crea su obra a través de un proceso creativo que responde a su propio tiempo, pero también entran en este juego “los tiempos” de la obra en sí.  Podría decirse que cada obra que surge responde a pautas que marcan tres tiempos:

El primero corresponde al momento en el cual surge la idea o el conjunto de ideas iniciales. El artista entonces anota y comienza a imaginar sus posibles desarrollos proyectándose hacia el futuro.

El segundo llega cuando el artista comienza a llevar a la praxis esa idea inicial. Comienza el proceso de hacer. Se producen entonces bocetos, maquetas, ensayo con materiales, hasta que se crea la obra. Este proceso tiene lugar en tiempo presente. El artista está ahí, acompañando y asistiendo a la obra durante su proceso de formalización, de materialización. En presente, en presencia. Tiempo cuyo transcurrir, por eso mismo, se trastoca. Por momentos se detiene, de pronto se acelera, pero siempre es presente.

El tercero llega cuando la obra dice “estoy lista”, cuando de pronto se queda en silencio y deja de decirle cosas al artista. Es entonces cuando se alcanza el momento de reflexionar acerca de aquello que se ha creado.

Estos tres tiempos del proceso creativo demuestran lo importante que es la conexión que se da, que debe darse, entre la obra y el artista. Una relación de íntimo intercambio que debe estar basada en el respeto hacia la propia obra. Relación que empieza y se acaba cuando ella dice. Y a lo mejor el resultado no es lo que el artista quiso hacer, pero es lo que fue. De ahí que sea tan importante tener las antenas intuitivas muy bien afinadas y abiertas para poder escuchar y atender a lo que dice la obra.

Cada obra tiene su tiempo. Toda obra es un ser vivo, tiene vida propia. Y estará lista, no cuando el artista se sienta orgulloso o complacido por lo que ha creado, sino cuando se sienta sosegado, en paz. Es entonces cuando la obra está terminada y es entonces cuando llega el momento de reflexionar sobre lo creado.

Las obras, a su vez, siempre son parte de un discurso. Pueden ser únicas, pero nunca están desligadas del contexto propio del artista que las crea. Siempre responden a premisas fundamentales, a búsquedas personales, a aquello que el artista alberga en sí. Recinto íntimo que, mientras más profundo y cerrado sea, mejor. Porque lo que se extraerá de él durante el proceso creativo será más auténtico, menos contaminado por el exterior. Las contradicciones que puedan surgir son parte del camino y de cada quien. El artista no se equivoca. El artista cambia.

Una vez terminada, la obra se convierte en una vía de comunicación entre el artista y la audiencia, el espectador, el receptor. Mientras el artista la crea, es un objetivo. Ya lista, un vínculo de conexión con el otro.

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Cuarto día: 4 de junio (día 86 de confinamiento)

Comenzamos esta jornada observando una fotografía y luego un video. Registro estático y registro dinámico de unas manos (las de Leo) haciendo algo. En el primer caso, basta el gesto para saber que acompañan a una voz. En el segundo, el movimiento recorre las letras de un teclado: voz que se trasiega al interior de la pantalla al escribirse y el sonido codificado… tic, tic, tic… que acompaña el proceso. Solo después sabemos que lo escrito una y otra vez es “Viaje a Oriente”.  En el registro estático, la imaginación juega un papel mucho más relevante; en el dinámico, es posible jugar con otros elementos (movimiento, sonido, etc.) para complementar aquello que quiere transmitirse.

En el siguiente video, ya no es el teclado el instrumento del que se valen las manos (de Thais, ahora), sino el pincel. Y ya lo producido no son gestos ni palabras, sino trazos. El pincel va creando un entramado de colores según lo dispone la mano, o según lo dispone el cuerpo o aquello que habita el cuerpo del que forma parte esa mano, extensión original de la intención creadora que luego se vale de diversos instrumentos para expresarse.

Palabras que van apareciendo en una pantalla, colores que van apareciendo sobre un soporte blanco de papel. Acuarela, tintas, gestos. Proceso de materialización de algo que es inmaterial.

Las manos de MariCarmen escriben “home” con pelos que se han desprendido de su cabeza. Escriben, borran y luego dibujan. Tránsito de un hacer que va de la palabra a la forma. Del concepto de casa a la casa. De la idea al habitar: “hOMe”. Ahora la mano es directamente el instrumento y la materia prima el propio cuerpo: “home” original.

Ricardo Benaim

El hecho de que el video sea “casero”, rústico, le da más fuerza.  Está hecho con cuerpo e inscrito en el cuerpo de la casa.

El cuerpo como materia entra así en el juego de la imagen. A través de la fotografía y el video se convierte en imagen de sí mismo. En estos casos, evocado por alguna de sus partes: manos, pelos y la mirada. Esa mirada que hoy en día se ve sometida a “la dictadura de la imagen”. Aceleración y sobresaturación que nos obliga a selecciones constantes y rápidas. Ver, ver, ver… Ver como consumidor pero también ver para inspirarse, para que esa mirada desate ideas en nuestro interior.

Ideas que surgen y sobre las que podemos reflexionar antes o después, o antes y después. Porque, así como las imágenes, a veces las ideas se agolpan, llegan muchas a la vez. Uno entonces debe dejarlas fluir, pero prestando atención. Porque no todas las ideas que llegan sirven, no todas son lo suficientemente fuertes como para terminar convertidas en obra. Las ideas que valen son las que nacen de una íntima necesidad. Para reconocerlas es importante justamente eso: prestar atención.

Al principio, uno debe dejarlas fluir. Las ideas aparecen, nos rondan. Uno las recibe, las recorre, pero después las deja ir a ver si regresan. Y si en la mañana siguiente reaparecen, si insisten, entonces es que son de uno. Ideas que se metieron en uno y no se salieron más. Esas son las que están más cerca de ti, las que son más tuyas que las otras. Son las que hay que escudriñar, explorar.

La mente es muy extraña. Las ideas entran en la memoria, pero la memoria es selectiva. Ella es lo que eres, es tu cómplice. Cuando una idea insiste, es porque la memoria te está devolviendo algo que es parte de ti, genética o íntimamente. Entonces, la reconocemos, y es cuando llega el momento de comenzar a hacer.

Hacer es otra forma de reflexionar. Uno no puede reflexionar si no hace nada. Ese hacer puede consistir en escribir, en leer, en bocetear, dibujar. En un principio, no tiene que tener sentido, solo debe gustarte la idea. Hay que dejarse llevar por eso, por el gusto, por el disfrute. Si no, ¿por qué te vas a dejar llevar?

Lo importante es saber que hay ideas, como dice MariCarmen, que no sobreviven a la mañana siguiente, mientras que las que valen no nos dejan. Esas ideas, las que insisten, suelen traer consigo una Y griega: ¿la hago o no la hago? Son ideas que nos sitúan ante una disyuntiva, ante una encrucijada, ante una pregunta. La vida del artista siempre llega a una Y griega. Es cierto que los procesos mentales creativos son individuales, pero podría decirse que esa Y griega es común a todos, es algo que siempre forma parte del proceso.

El artista siempre está creando, el motor siempre está prendido. Lo importante es cómo estar atento para reconocer lo que es valioso y reflexionar sobre ello.

Estar atento implica, no solo observar hacia adentro, sino también observar hacia afuera. Porque afuera están sucediendo cosas todo el tiempo, pequeños acontecimientos que el azar nos regala. MariCarmen nos recuerda que Soto decía que el azar era un elemento inquietante. Interviene constantemente en la realidad con detalles casi imperceptibles que solo puede captar quien se ha preparado y dispuesto para ello. Para el azar uno debe prepararse. Se trata de un estar atento que implica también un estar abierto y en conexión con el momento que se vive. Estar en el ahora dispuesto a recibir lo que tenga a bien regalarnos o revelarnos.

En este taller estamos buscando, desde esa apertura, responder y respondernos una pregunta inquietante: ¿qué es el arte en este momento?
Ya lo hemos dicho, vivimos tiempos de transformación profunda, rotunda, difícil de determinar pero innegable por inminente. Ante eso, no debemos esperar para adaptarnos después, cuando todo recomience. Nosotros somos seres creativos y en este momento las puertas del mundo están abiertas para que encontremos nuestro propio espacio de creación. Ese espacio no nos está esperando. No nos están esperando. Somos nosotros quienes tenemos que ir a buscarlo y a crearlo. Y de ahí que sea tan importante acoger y alimentar ese sentido de pertenencia hacia nuestras propias ideas, desde las que podremos tener una visión mucho más amplia; sobre todo si aprendemos a abrirnos y a compartirlas.

El arte es el que nos permite expandir nuestra visión. Nos abre además hacia otras disciplinas. Abre interesantes caminos posibles de exploración. El arte es un tipo de vehículo que nos permite transitar por otros ámbitos y tomar de ellos aquello que pueda complementar y enriquecer nuestra propia búsqueda, aquello que nos permita afirmar, pero también cuestionar. Es, principalmente, una forma de estar en el mundo, un modo de vivir, de sentir. Una disposición a establecer vínculos y conexiones que amplíen nuestra visión. Llega entonces el momento en que se es más ciudadano que artista.

El arte es un campo etéreo, no estable; es un campo complejo. Desde esa complejidad es que el artista establece sus relaciones con la sociedad, con otros saberes y otras disciplinas. Es lo que en sus obras puede llegar a causar un efecto.

Esto no es algo que pueda aprenderse en una escuela de arte. Las escuelas de arte no enseñan a nadie a ser artista. Eso no puede enseñarse. Las escuelas de arte lo que enseñan es a aprender a aprender. Enseñan a estar despiertos y atentos a las propias inquietudes. Buscan despertar la curiosidad, la necesidad de explorar, indagar, cuestionar. Se aprende a ser artista a partir de lo que se vive y se comparte. Y de ahí que los intercambios transversales sean tan enriquecedores.

No hay día en que no se descubra algo nuevo, sea acontecer o reflexión. Por eso es tan importante tener las antenas bien puestas y afinadas para poder percibir lo que sucede a nuestro alrededor. Uno debe aprender a observar y a mantenerse abierto al intercambio. Se aprende en diagonal. Compartir es recibir alimento gratuito a partir del contacto, de la comunión con el otro, con lo otro.

Hay en el mundo y en la vida mucho que aprender. Y hace falta tener voluntad para crear, pero también para reflexionar. La reflexión es la actividad más valiosa.

***

Quinto día: 11 de junio (día 93 de confinamiento)

Arreciaron las olas al comienzo. Se llevaban las imágenes. Había demasiado viento. Nos turnamos el timón pero, al final, el mando de la nave regresó al capitán. Y llegamos lentamente así a las palabras:

  • Reflectunt (Reflexionar)
  • Convicción
  • Si tu amor me salva
  • Sueños
  • Visualizar
  • Amor

Palabra espejo. Somos esa palabra que escogemos. La palabra evoca, afirma. Puede acompañar una imagen y limitarla, ceñirla, pero también complementarla y expandirla. La palabra literal confina. La palabra poética es apertura hacia muchos sentidos posibles. Abre el juego de tensiones. Imagen es también imagen poética. Y la palabra, el lenguaje, es también forma o materia visual.

Acompañar una obra, un cuadro, su discurso visual, con palabras o con frases es algo que el artista, mientras crea, decide hacer o no. Se trata de una decisión muy personal que responde a la idea-origen, a la idea-germen de donde esa obra surge y a donde esa obra debe llegar.

Para que esto suceda, el artista debe primero visualizar lo que quiere crear, lo que sueña. Visualizar es un ejercicio creativo íntimo, requisito fundamental, paso previo indispensable. Punto de partida que da comienzo a la gestación.

Si no visualizamos lo que soñamos o queremos, como creadores, entonces caminamos a ciegas, avanzamos a tientas, mientras recibimos lo que va llegando, sin norte, sin orden, por puro azar. Y el azar suele ser caprichoso.

Si no sabemos a dónde vamos, a dónde queremos llegar, entonces nuestro trayecto no tiene propósito. Y ya no avanzamos hacia algo, sino que vamos a la deriva, sin rumbo. Así uno no llega a ninguna parte, o llega a algo que no tenía pre-visto.

Vivimos tiempos, además, en los que la visualización es vital. Todo está cambiando y no hay certezas. Y tal incertidumbre paraliza. ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo me veo dentro de 4 meses? ¿Hacia dónde quiero ir? Son tiempos que nos exigen asumir responsabilidades, tener objetivos claros, trabajar en serio.

Esto no quiere decir que dejemos de estar abiertos a lo inesperado, abiertos a recibir esa extraña riqueza que el azar brinda. Se trata de visualizar hacia dónde queremos ir, a dónde queremos llegar. Visualizar qué es lo que queremos crear. Orientar el rumbo hacia nuestro íntimo Oriente.

Se activan así dos energías, la que nos hala (como si aquello que visualizamos se imantara) y la que nos empuja (el viento, velas extendidas, las corrientes y uno mismo, pues muchas veces toca remar o nadar). Y todo lo que nos va llegando cobra sentido. Se activa así el movimiento y esas dos fuerzas se equilibran. Se trata entonces de estar atento, despierto, con las antenas perceptivas y sensoriales bien puestas, para reconocer y recibir los regalos amorosos del azar, su viento a favor. Entonces hay horizonte y se vislumbra una próxima orilla, y lo que será posible visualizar una vez la hayamos alcanzado. Porque siempre llegar implica empezar de nuevo para seguir.

Imaginar, visualizar y escribir son actos que tienen su propio ritmo. La velocidad del pensamiento es distinta a la de la escritura. El pensamiento vuela y la escritura le da el peso necesario a esas ideas, les da cuerpo. Escribir es decantar, aminorar el paso y contemplar cada cosa con más detenimiento. Así las ideas se van posando, se van asentando. Mientras se escribe se comprende o se completa ese proceso de ir comprendiendo y visualizando con mayor claridad lo que se sueña.

Escribir es inscribir nuestras ideas en un lugar al que podemos regresar una y otra vez para vernos, ahí, nadando en el fondo de esas palabras. Leernos es una forma de escucharnos a ver qué queremos decirnos.

Y volvemos al principio, ahora, cuando ya casi llegamos a puerto: las palabras son espejos. Somos esas palabras que escogemos, resonamos en ellas como resuenan las olas en la espiral de una caracola.

Nuestro próximo encuentro se trata de eso, de descubrir nuestra propia resonancia y de afinar el oído para escuchar(nos en) lo que íntimamente vemos.

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Sexto día (sextante): 18 de junio (día 100 de confinamiento)

 

Viaje a Oriente I

Llegar a puerto siempre implica un tránsito. El movimiento en la cubierta del barco cambia, se intensifica. Arribar implica una preparación previa que comienza cuando en el horizonte avistamos la orilla próxima. A lo lejos algo empieza a perfilarse, indeterminado primero, pero cada vez más definido a medida que nos vamos acercando. Comenzamos a imaginar cómo será el muelle que nos reciba mientras preparamos los cabos sueltos, las velas, el ancla, el corazón. Cada quien con su catalejo vislumbra su Oriente. Arriba, el canto de las gaviotas, los alcatraces, las tijeretas. En todo el cuerpo el salitre del viento. Y abajo, peces de colores, corales, caracoles y un fondo de arena cada vez más cercano.

THAIS

I

“A mí el arte como protagonista me llegó tarde. Siempre estuvo ahí latente, iba a cuanta exposición había, eso lo hice desde chiquita, porque mis papás coleccionaban arte. Compraba libros, pasaba horas eternas viendo obras, estudiando artistas, pero a pesar de que hacía algunas cosas solo para mí, no me veía como “artista”, me veía como una intrusa en un espacio al que solo pertenecían esos “genios” que admiraba tanto, y me parecía hasta un atrevimiento pretender ser “artista”. ¡Qué concepto tan raro y tan errado visto a la distancia!

Un día, hace unos años, a pesar del temor que me producía, dije: “Ya basta,  esto es lo que me gusta y bueno, si no tengo talento igual es algo que me hace feliz y ya veremos”. Así que me inscribí en los talleres del Museo de Bellas Artes, acá en Buenos Aires, y logré entrar. Eso fue un camino de ida del que no pienso salir hasta el último día de mi vida.

Dicen que nunca es tarde para hacer lo que realmente amas. Siempre me inspiro en la artista cubana Carmen Herrera, a quien le llegó el reconocimiento muy tarde en su vida. Pero, a pesar de que a todo artista le gusta que lo reconozcan, esa no es mi principal motivación.

Desde el primer momento en que entré a estudiar arte formalmente y a hacer los talleres de pintura y dibujo, no paré. No hay un día en el que yo no haga algo, ya sea pintura, dibujo, un papel, una tela; algo tengo que hacer o mi día está incompleto. Incluso hay días en que me sumerjo en el trabajo, muchas veces arranco y no paro.

¡Qué tontería eso de limitarse! Seguramente tuvo que ver con la creencia errada de que el arte no es una profesión, sino un hobby. Estudié odontología porque era una “buena profesión para una mujer”. Me fue bien mientras estudié y ejercí, pero no era lo que me llenaba. Mi relación con eso terminó un día abruptamente y no quise saber de mi profesión nunca más.

Dicho esto, que creo que era necesario explicarles, los dos últimos años fueron bastante intensos, con talleres, concursos y exposiciones individuales y colectivas. Pensaba que este año sería igual, pero el “Corona” ¡decidió que no! Y bueno, hay que reinventarse y seguir buscando, y aunque no hay exposiciones físicas, he participado en algunas virtuales.

Los concursos acá también están suspendidos por la pandemia.

Creo que esta temporada de aislamiento me ha servido para mirar hacia adentro, para calmarme un poco. Es decir, yo pinto, pinto, pinto, casi sin pensar, sin planearlo, es como un torbellino que me domina.

Pero hoy me detengo un poco más a pensar, aunque no tanto a planificar lo que voy a hacer, nunca lo hice ‒cuestión de carácter‒, pero sí a sentir, a darme cuenta de los procesos que me llevan a hacer algo en un momento dado.

¿Cómo me veo en el futuro próximo?

Trabajando en esto que me apasiona, y “que la inspiración me encuentre trabajando”, como decía Picasso. El año que viene será otro año. Muy probablemente no será el mejor económicamente, pero eso no me va a detener.

Necesito sacar de adentro todo esto que quiero expresar y por fin conseguí la manera de hacerlo.

Es probable que siga entre Buenos Aires y Caracas trabajando incansablemente.

Espero poder hacer algunas cosas que tenía planificadas para este año que muy probablemente habrá que dejar para el próximo. Exposiciones acá, en Caracas y en Miami. ¡Ojalá!”

II

“En este momento de mi vida, inmersa en este confinamiento obligatorio y sin tanto espacio para trabajar, paso el  tiempo estudiando e investigando.

Me veo continuando una línea de trabajo que me propuse en esta etapa. A pesar de que me gustaba lo que estaba haciendo antes, eso ya se había convertido en una repetición, no había reto.

En mi trabajo lo más importante, además del color, es el trazo, un trazo muy mío que sale automático como una fuerza interna, pero que siento que necesita ser domado. Quiero que no solo sea la expresión de un sentimiento que necesita brotar, sino algo más complejo. Necesito un soporte.

Estoy en plena investigación de la línea y el punto y la tensión que se crea entre ellos.

Quiero lograr con estos elementos, una y otra vez usados y estudiados, buscar un lenguaje propio y, además, que el  color sea importante pero no imprescindible.

Mis cuadros son generalmente bastante caóticos, y me encanta, me encanta lograr que ese caos funcione. A veces lo logro y a veces no.

Así que estoy jugando entre el color y el blanco y negro, la línea y el punto, el caos y el orden.

Difícil, me llevará un tiempo, pero mientras tanto lo estoy disfrutando.”

ALBA

“Cierro los ojos y me veo aún sin mirarme: dibujo, compongo, fabrico, construyo, diseño, esculpo, tallo, pinto, doblo, armo, moldeo, sueldo, ensamblo… Materializo las intenciones, ideas, proyectos, quimeras y sueños; de diminutos a colosos, desde la lámpara que te ilumina mientras lees, hasta el edificio donde has de habitar. Hago tangible lo intangible, conmensurable lo inconmensurable. Tengo el placer de hacer y sobre todo de ser mientras hago, de ser quien quiero ser por lo que hago y por quien soy, pero sobre todo de hacer mientras soy.”

BEATRIZ

“Puedo respirar el arte porque el arte es oxígeno cuando respiro. La luz que se desplaza y baila es arte, porque sale y entra por mis ojos. Soy arte, porque soy lo que escribo.

Nací para crear historias, de esas que no se pueden contar con palabras; historias que nacen de la observación, de la interpretación, del recuerdo, de la intuición, del silencio que nos produce, del amor que nos hace sentir, de la trayectoria que nos evoca.

La sensibilidad está mutando, está construyendo un mundo interno para enfrentar al mundo externo con generosidad, o quizás para iluminar la tristeza. En esta sacudida brutalmente hermosa, aquí y ahora, es donde encuentro yo a mis manos ensamblando pedacitos de recuerdos, retazos minuciosos de momentos que no se pueden olvidar. Gestos, fotos, palabras, colores, objetos y olores, fragmentados en una caja, que al unirse se abrazan para hacer una lectura completa de una vida que ya no está… Poesía tridimensional. Me veo sumergida en ella, luego de interpretar esos instantes, esa vida que se quiere recordar. Me veo creando ensambles como un homenaje, un retrato cruzado con mi imaginación, una ventana tierna tan parecida a un santuario que ¡hasta flores le podemos colocar!  ¿Por qué no?

Es preservar con belleza ese trayecto, ese momento que se quiere eterno, ese amor que todavía está, como conclusión visual de lo que realmente queremos recordar.

El mejor aprendizaje ante la muerte es no rendirse, el recuerdo puede ser espeso cuando no aceptamos.

Quiero a través de mi arte, mis ensambles, poder mostrar que la vida nunca se interrumpe, que solo vuelve a su origen, donde sus huellas podrían quedar impresas en esta historia que no se cuenta con palabras… Mi poesía tridimensional.”

MARICARMEN

“Hace tres años me visualizaba con vida. Esta se escurría.

Hace un año me visualizaba caminando. Hoy camino.

Hace unas semanas me visualizaba creando sin parar. Materializar lo imaginado. Poner a tono mente, cuerpo y espíritu. Esto transcurre en gerundio.

Desde hace un tiempo trato de salirle al paso a lo que se presenta como señales del universo a las que debo estar atenta. La premisa: lo que está afuera está adentro y viceversa. Para eso es importante estar entrenado.

Entreno cada día: yoga, dibujo, pintura, meditación, amigos, vecinos… Lo contrario es estar perdido.

Hace un año visualizaba un taller como el que otrora tuve allende los mares, en el origen de esta aventura.

Hoy  me visualizo visitando los lugares donde amé la vida, y algunos puertos nuevos donde la seguiré amando.

En estos momentos es importante para mí afinar los sentidos, mi capacidad de crear, de mantener mis destrezas y desarrollar otras, de perder el miedo a las tormentas. Invertir tiempo en afilar las herramientas para que el proceso fluya, y no dejar de hacerlo.  Una idea da paso a otra y esta, a otra, hasta el infinito.

No visualizo el momento perfecto, trabajo el ahora como una visualización constante. Los proyectos son en gerundio, un proceso.

La meta: mantenerme creando…… y amando.”

MIRTYA

“¿Hacia dónde va mi trabajo en estos momentos?

Siempre un viaje me ha acompañado.

Ayer estaba allá, visualizando lo que he vivido aquí en gran parte.

Esa es mi certeza, que hoy se me presenta.

Quizá en desequilibrio por todo lo que ha ocurrido en estos meses.

He sentido incertidumbre algunas  veces.

Pero me visualizo haciendo lo mismo. Tomando nuevos caminos.

Mi trabajo actual está enfocado sobre ese espacio que no se ve pero está.

En el plano personal sigo interesada en lo que hay detrás de una emoción.

Detrás del humano, de las personas, detrás de un momento o de las circunstancias. Eso que nos mueve a tomar direcciones imprevistas pero continuando la línea de nuestros sueños.

En general, la idea primordial es continuar el camino que visualicé y construí hace  años, cuando llegué.

Aunque el azar suele ser caprichoso, como lo describió Daniela en su Bitácora.

A veces el caos que nos supone ese azar quizá nos abre los ojos para descubrir otras opciones. Parar es una señal.

Así ocurrió con el inicio de mis  talleres.

Mientras escribo esta cuartilla, recordé mi primer taller de 2014.

Y volví a ese viaje, mi escrito en una minúscula maleta llena de sentimientos encontrados de esa semana y de esos días.

Fue un hermoso aprendizaje de dar y recibir en el que me reconocí diferente.

Mi trabajo personal se enriquecerá seguramente con tantas vivencias de estos meses.

Y ahora, luego de este viaje que hemos realizado juntos, me interesa desarrollar proyectos en grupo que me enriquecen y reconcilian con  ideas perdidas.”

LEO

Antes

tuve que guiarme con otras brújulas

vivir otras brújulas

rotas

con sus historias y azares

Pero aun a la deriva

tenía la certeza

de los orientes a los que podía llegar

Nunca fue más pertinente hablar del viaje. En el viaje que viene están las respuestas. Incluso, las respuestas más esquivas a las preguntas más persistentes.

De hecho, el viaje ya empezó, no digo nada extraordinario, muchos lo saben. A mí, creo que me ha tomado más tiempo acercarme al timón, reconciliarme con él y con otras historias de orientes que ya fueron. Algunos siguen conmigo, pero otros seguro que ya fueron.

Navego y tengo espacio suficiente para quienes me acompañan, incluyendo algún fantasma. Llevo lo más preciado: conocimiento y obra de otros navegantes, míos. Desde aquí diviso tierras, puertos, algunos dejarán de existir pronto. Por eso, si tengo que hacer alguna escala allí, no será por mucho tiempo o simplemente no será.

Ahí donde voy abundan las grietas por donde se cuela luz y detrás de esa luz hay personas que la emanan. Y esas personas tienen voz, se comunican incluso con lo que dejan de decir. Por eso, el eco que resuena tiene tantas voces distintas; por eso es un Oriente a ocupar, poblar, sembrar y seguramente seguiré hacia otro más lejano.

Me guían las señales, con atracción y empuje van a favor, al menos ahí reside mi esperanza. Arriba veo las aves, hay como cuatro o cinco avisando que una orilla está cerca. Tengo lo justo para empezar y una moneda para echarlo a la suerte, si cae cruz “iniciativa”, si cae cara “voluntad”.

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Séptimo día (caligrafía para un viaje): 25 de junio (día 107 de confinamiento)

Uno llega a la orilla con cabos sueltos en las manos. Los pilotes para atarlos, que se anunciaban desde lejos, desdibujados en un primer momento, se van definiendo. Atar un barco implica trazar líneas, dibujar el arribo afinando la tensión entre las cuerdas que sujetan y las olas. Al desembarcar uno lleva consigo ese vaivén, la tierra sigue siendo mar por un tiempo, hasta que se asienta el oleaje y el recorrido pasa a ser parte de uno.

Uno llega a puerto y llega también a aquello que en ese puerto le espera. Iniciación. A nosotros nos recibió la hermosa voz de una calígrafa: María Eugenia Manrique.

Ella se acercó para recordarnos, a través de los hexagramas del I Ching, que Lo Receptivo (K’un) es inseparable de Lo Creativo (Ch’ien) y que todo proceso de creación comienza necesariamente por abrir el propio centro ‒cuerpo, espíritu, mente y corazón‒ como canal ( ) dispuesto a escuchar, percibir, sentir y recibir lo que brinda el presente: agua que corre por ese cauce y lo completa ( ).

Lo receptivo se convierte así en fuente inagotable de lo creativo. El trayecto o el camino entre un estado y otro conlleva un proceso íntimo de transformación, equivalente a lo que se vive durante un viaje hacia algún lugar desconocido o hacia uno mismo, que es casi lo mismo; o equivalente al recorrido de la savia que alquímicamente nutre el tronco de un árbol hasta brotar convertida en rama, hoja verde, frutos que juegan con el sol.

Solo de esa fuente puede nacer una obra con un tiempo, una resonancia y un espacio propios. Solo a través de ese camino es posible arribar a nuestro íntimo Oriente.

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  1. Arribar (RAE)
  2. Del lat. *arripāre, der. de ripa ‘orilla1‘.
  3. intr. Dicho de una nave: Llegar a un puerto.
  4. intr. Llegar por tierra a cualquier parte. U. t. c. prnl.
  5. intr. coloq. Convalecer, ir recobrando la salud o reponiendo la hacienda.
  6. intr. coloq. Llegar a conseguir lo que se desea.
  7. intr. Mar. Dejarse ir con el viento.
  8. intr. Mar. Dicho de un buque: Girar abriendo el ángulo que forma la dirección de la quilla con la del viento.
  9. tr. desus. Llevar o conducir.

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