Bitácora de «Paréntesis I». Reflexión sobre la Creación y el Arte (julio 2020)

Paréntesis I
Bitácora de (Paréntesis) / 25 de julio 2020. Reflexión sobre LA CREACIÓN Y EL ARTE, en torno a este inusitado acontecimiento que nos ha tocado vivir
Iniciativa del artista: Ricardo Benaim
Registro escrito y moderadora: Daniela Díaz Larralde


Ante todo, gracias a quienes asistieron y participaron en el encuentro. Sus aportes son de gran valor, no sólo para nosotros, sino también para todos los que ahí estuvimos compartiendo ideas, dudas, reflexiones, posiciones, vivencias; siempre desde la apertura, la escucha y el respeto mutuo.

En este registro escrito, justamente por eso, hemos decidido rescatar los planteamientos más relevantes, tanto de la charla inicial que nos dio Ricardo como de las intervenciones de los asistentes, con la intención de que podamos ir reconociendo puntos comunes, complementarios e incluso contrarios que enriquezcan nuestro modo de ver, comprender y afrontar estas circunstancias tan complejas que nos ha tocado vivir.

El evento comenzó con la formulación de una pregunta clave: ¿Por qué? ¿Por qué abrir este paréntesis dentro del paréntesis forzado en el cual nos encontramos? Nosotros, gentes del arte y de la creación, ¿qué hacemos aquí?

Primera premisa del «Paréntesis»:

Vida y obra no son cosas distintas, no son cosas separadas. Ambas están integradas, una no existe sin la otra. Todo es vida real. De ahí que sea tan necesario, en estos momentos, abrir espacios de diálogo donde podamos compartir y debatir ideas, sentires y reflexiones. Es lo que parece estar exigiéndonos este paréntesis: reflexión.

Esta pandemia, de dimensiones que nunca hubiésemos podido imaginar, fue un acontecimiento que nos agarró a todos por sorpresa, que nos dejó de pronto suspendidos, en suspenso, entre un “antes de”, que ya nunca volverá a ser, y un “después de”, un futuro, absolutamente incierto. Así que, por lo visto, solo nos queda crear, hacer, construir futuro en el presente, en este “durante” de indeterminada duración. Debemos darnos cuenta de que lo que va a pasar es lo que vamos a hacer que pase, lo que queramos que pase.

Este espacio que hemos abierto debería, por tanto, concebirse como un espacio de celebración, en el sentido de que nos ofrece la posibilidad de ver y escuchar a otros, amigos, artistas, creadores de todas las disciplinas, y reflexionar juntos.

Creo que es fundamental que estemos conscientes, para empezar, de que el mundo de antes se acabó, entró en terapia intensiva y se murió. Lo que continúa funcionando es un parapeto, son los restos de lo que fue. Y eso no nos sirve ya para concebir lo que viene. Sí, en cambio, es sumamente importante poner atención a cuál ha sido la respuesta de la Naturaleza durante estos meses. Ella ha seguido su curso, incluso ha recobrado fuerzas. A ella no le importa lo que nos está pasando. No nos necesita. Es más, está mejor sin nosotros.

En estos tiempos, muchos han decidido apostar por regresar a la tierra, a trabajar la tierra. Muchos han comenzado a verla con otros ojos, a encontrar el planeta más como su hogar, a relacionarse con él de otra manera. Muchos han comenzado a darse cuenta de que se trata de un planeta al que debemos responder, respetándolo y cuidándolo con amor, con agradecimiento.

Paréntesis I
Reunión zoom. Foto de archivo 2020

Sin duda es cierto que, ya desde hace muchos años, antes de que esto sucediera, existían grupos que promovían, defendían y asumían en sus modos de vida esa conciencia ecológica, pero lo que estamos viviendo hoy en día es muy distinto. Casi podríamos decir que es radicalmente distinto, porque ya no se trata de que venga alguien a decir qué es lo que hay que hacer, qué medidas debemos tomar y a advertirnos de lo que puede pasar si no tomamos conciencia al respecto. Ahora, eso que antes era advertencia es ya un hecho. Las consecuencias de nuestros actos o de nuestras inacciones nos cayeron encima y, de pronto, nos quedamos sin mundo, sin ese mundo que conocíamos. Y esa necesidad de recuperarlo, de regresar a él, nos confronta forzosamente con lo quebrada que está, que ha estado, nuestra relación con él.

Ahora, para salir al espacio exterior, estamos obligados a usar una mascarilla, un tapaboca. Hemos empezado a vivir en un mundo sin nariz ni boca. De pronto, el único contacto que podemos tener con el otro es a través de los ojos, a través de la mirada. Y, curiosamente, las personas rehúyen la mirada del otro. Es una actitud extraña, es como si no quisieran revelarse, como si supieran o sintieran que los ojos son una ventana al alma. Bajar la mirada se ha convertido también en una forma de distanciarse del otro.

En este momento, dice Ricardo, no es el artista el que les habla, sino un ciudadano de la Tierra, un ciudadano del mundo, que guarda en sí el deseo de poder regresar a su amado país: Venezuela. Fue allá donde comencé a desarrollar mis primeras propuestas de docencia, orientadas principalmente a promover el intercambio entre los participantes y sus distintos proyectos, motivaciones, conceptos, técnicas, fundamentos. Nunca compartí eso de que cada artista, como era antes, se mantuviera dentro de los límites de su propia disciplina y trabajando solo dentro de su taller. Más bien parto de la premisa de que el abrirse a los otros, el escuchar a otros, el confrontar las propias ideas y procesos con los de otros creadores es siempre muy enriquecedor para todos, y muchas veces da lugar a que surjan cosas nuevas que abren nuevos caminos de exploración.

Tanto en el arte como en la vida, cada quien tiene su manera de ser libre, de vivir, pensar, ver el mundo y crear. Y esos procesos creativos del artista, del creador, siempre ocurren en presente. El arte nos lleva a concentrarnos en el presente. Este paréntesis, en el que nos encontramos suspendidos, parece también estar exigiéndonos lo mismo. Ahora disponemos de mucho tiempo, de muchas horas cada día. Y uno siente que tiene que hacer más que antes, que nunca es suficiente. No hay nada que buscar afuera. Se trabaja con lo que se tiene al alcance.

Esta pantalla, esta ventana a través de la cual nos encontramos, es uno de esos nuevos lugares con los que contamos, una nueva herramienta de la que debemos apropiarnos para poder utilizarla a nuestro favor. Nuestro en el sentido de nosotros, de comunidad. Es cierto, por supuesto, que la pérdida de lo que implica el contacto presencial es difícil, duro de sobrellevar, pero también es cierto que esta “ventana” nos ofrece la posibilidad de encontrarnos, de escucharnos, de compartir con otros lo que estamos viviendo. Gracias a ella no nos sentimos tan solos.

Además, como creadores, somos nosotros quienes decidimos cómo vamos a comunicarnos a través de estos medios. Las maneras de compartir nuestra sensibilidad, nuestras emociones, nuestras vivencias, son muchas, y depende de nosotros que estos espacios de encuentro, intercambio y reflexión se conviertan también en espacios de recuperación de lo humano del ser, en espacios donde sea posible gestar una nueva forma de ciudadanía más consciente. La lejanía así se vuelve relativa y poco a poco van surgiendo nuevas maneras de comunicarnos, donde la sensibilidad, el afecto, la empatía, tienen su lugar. Se abre también la posibilidad de que la comunicación sea más espontánea, más natural.

En estos momentos, lo que va a suceder es completamente incierto. Uno no puede entonces conectarse con escenarios posibles que se imagina en su cabeza porque todos son suposiciones. No es momento de asumir que algo va a suceder de una determinada manera. Es más bien momento de crear eso que queremos que sea nuestro escenario. Esos escenarios se van creando ahora en las experiencias de vida, experiencias vitales, cotidianas. Presente en constante movimiento.

Estar suspendido, estar en suspenso, no significa que estamos detenidos en el tiempo. El cambio es constante. Las cosas no son, van siendo, en gerundio. De ahí que sea tan importante estar en el presente, estar presente, en contacto con tu centro interior. La falta de centro nos hace pensar doble, nos confunde. Esperar que regrese el mundo de antes es una ilusión, tanto como proyectar escenarios futuros.

Esto es lo que nos ha tocado vivir. Estamos aquí y ahora. Y nos toca, no ya hablar de que necesitamos reinventarnos, sino asumirlo y pasar a la acción, hacer, crear, inventar nuestras propias normas, en lugar de esperar a que otro venga y nos las imponga. Normas basadas en la ética, la ecología, la coexistencia y, sobre todo, en la libertad. Libertad de reconocer y ser eso que somos. El tiempo ahora es del ciudadano, del ser despierto y consciente. Crear obra es crear mundo y crear tu vida.

Este paréntesis llegó para ponernos enfrente un espejo. Es nuestra decisión asumir la responsabilidad ahora de crear y construir un mundo más humano, más ecológico, más sensible y consciente.

Intervenciones del «Paréntesis I»:

Mari Carmen Carrillo: Cada quien ha asumido este paréntesis como ha podido. Cada quien con sus fantasmas. En mi caso, considero que ha sido positivo. Me parece que es un momento creativo particularmente bueno que debemos aprovechar. Un hito histórico. Hay mucho que puede servirnos para activar nuestra creatividad, que es también una forma de procesar lo que estamos viviendo. Las plataformas virtuales brindan nuevas posibilidades de difusión para los creadores y las re

des pueden aprovecharse como herramientas de trabajo para reflexionar. Pero es cierto que no todos lo ven así y que es un momento también muy difícil, muy doloroso.

Paréntesis I

Ricardo: Es cierto, vivimos momentos muy fuertes, muy duros. No hay garantías. Y las cosas, por lo visto, se van a poner cada vez más difíciles. De ahí que sea tan necesario crearse un espacio propio y establecer normas propias. Las normas de afuera las imponen otros, que tampoco saben muy bien cómo es el asunto. Creo que ante eso tiene más sentido crear un espacio propio para conectarse, desde lo más auténtico que hay en uno, desde la sensibilidad y la apertura, con esas otras leyes que son universales. ¿Cuáles son? Las leyes de la naturaleza. Somos parte de ella y todo está interconectado. Esto que vivimos es planetario. Y no nos queda otra que inventarnos modos de subsistencia.

Nosotros los artistas, los creadores, no tenemos algo cuantificable para dar, pero sí algo de calidad. Los artistas siempre han tenido algo de visionarios. Nos toca entonces crear, marcar esas pautas. O al menos apuntar hacia donde debería estar orientado el cambio.

Abrirse a lo que puedan aportarnos otras disciplinas, en especial las científicas y tecnológicas, es un modo de intercambio necesario para que el arte se mantenga vivo. También dejar de aspirar a hacer cosas que en estos momentos no son posibles. Debemos actuar, crear, cambiar en función de lo que se tiene, no esperar a que todo pase para entonces… El momento de actuar es ya, ahora, con lo que se tiene.

En estos momentos la experiencia del pasado se convierte en un peso, en un lastre. No las experiencias de vida, sino en el sentido de aquello que se convierte en una referencia y establece moldes, modelos. Eso limita, encasilla. Hoy en día vale más estar dispuesto a ver y ser como un niño, porque las circunstancias que vivimos, lo problemas que nos plantea son nuevos.

Luis Amado: El concepto de juventud suele estar atado a una definición cronológica y siempre se parte del supuesto de que son los jóvenes los que imponen los cambios, los que salvan generaciones. Pero yo considero que la juventud nada tiene que ver con la cronología. Se plantea una situación nueva que exige un cambio. La juventud nos incluye a todos. Uno debe involucrarse independientemente de la edad que tenga. ¿Cuál es el aporte que podemos y queremos hacer? Estos nuevos encuentros a través de la plataforma zoom tienen una particularidad interesante, que replantean la relación entre expositor y audiencia propia de los auditorios. Ahora le vemos la cara a todos, incluso a nosotros mismos.

Ricardo: Y sin mascarilla.

Marisela: El arte pide pensar en generaciones futuras. Quisiera pedir a los artistas que no hagan obras tan biodegradables. Así nos vamos a ir quedando solo con el pasado. Es necesario pensar en dejar algo como legado para la humanidad. Intervención por el chat: Hay que adaptarse a esta nueva era que llegó para quedarse. Apenas hemos visto la acción de tres coronavirus. Hay una fila de otros miles ya descubiertos que eventualmente se adaptarán para invadir al ser humano. Hay vacunas que se están desarrollando que intervienen nuestro genoma humano y al entrar en nuestro organismo cambiarán para siempre nuestro genoma, para bien o para mal. Se está investigando en un mundo que era conocido pero estaba prohibido. Ya obtuvieron aprobación. El mundo cambiará, hay que adaptarse a vivir así para el resto de nuestras vidas.

Ricardo: Esto se acaba cuando tú mismo sientas que ya creaste tus propios códigos de normalidad. Uno tiene que crear para algo, para este mundo, para establecer una conexión con la vida, la alegría, la sobrevivencia. Inventar normas. Estar vivos implica estar en renovación constante. Nunca la vida nos había exigido tanto.

Maia: Pasamos la mitad de nuestra vida creando la persona que somos y la otra mitad, defendiéndola. “Yo soy así, yo no soy así”… Y de pronto nos damos cuenta de que todo eso es mentira. Tenemos ahora a disposición un espacio gigante de reflexión, de introspección comunitaria. Un espacio para crear y recrear entre todos. Dentro de este paréntesis hay muchos paréntesis. Hemos dejado de necesitar muchas cosas, hemos aprendido a arreglárnoslas con lo que se tiene. Debemos reflexionar sobre lo que significa la propiedad, hacernos cargo de nuestras pertenencias. Todo es nuestro, incluso nuestros desechos.

Soraya: Hablo desde mi condición de galerista. Se dice que a través de las redes se democratiza el arte, porque las redes permiten que el artista llegue directamente al cliente. Pero esto rompe la relación entre artista, galerista y público. Y eso no es tan bueno, porque todos en este engranaje somos importantes. Es muy dura la realidad que se vive en Venezuela y tener que adaptarse a estas nuevas vías digitales es, debido a eso, aún más difícil. Intervención por el chat: Hay factores importantes que afectan el trabajo creativo. Una cosa es que te guste trabajar en taller y otra que te veas forzado al confinamiento. Con todo cerrado, ¿cómo llegan los insumos para el trabajo?, ¿cómo llega el cliente al taller, a la galería, etc.? Si bien es cierto que lo online es el futuro, no todos los artistas se llevan bien con esta realidad. No todos los artistas quieren ocupar parte de su tiempo en las redes.  Hablo de artistas de generaciones que nacieron en los cincuenta, sesenta, etc. A mi parecer, no hay nada que pueda sustituir la relación que se da entre el público, el artista y la obra: lo presencial. Claro que nos adaptaremos a las nuevas realidades, pero lleva un tiempo hacerlo.

Carlos Eduardo Araujo: ¿Qué opinan sobre la “democratización de la creación artística” en estos momentos, en un planeta en el que aún más del 60% de la población no tiene acceso a Internet y/o a las tecnologías de comunicación más avanzadas? Para los que vivimos en Venezuela es, por ejemplo, muy difícil esa participación a través de las redes, por todos los graves problemas que enfrentamos.

Ricardo: Es difícil dar respuesta a esos planteamientos. Son muchos los mecanismos de exclusión que funcionan en este mundo. Por otra parte, siempre han sido pocos quienes se han interesado en la cultura, el arte… Pero aquí entran otros factores muy complejos. Alguien (Dionardi) comentó por el chat, en relación con lo de la experiencia, que “mientras más se sabe, más se sufre”. Pienso que el sufrimiento que produce la experiencia tiene que ver con la comprensión de las cosas. Luego de comprender algo siempre viene otro paso. Se trata de un proceso de aprendizaje más filosófico, existencial. Mientras más sabes, mientras más vas comprendiendo las cosas, más puedes ver lo triste que es el mundo y entonces menos lo comprendes. ¿Cómo entender por ejemplo el nivel de maldad de los gobernantes en Venezuela?

Ante eso, lo que queda es ser, estar, crear y actuar desde el espacio de crecimiento que nos ha tocado.

Diana Montoya: Es necesario darse cuenta de qué es lo que se tiene y actuar con eso. Ninguna experiencia está separada de las otras. En cada lugar hay una realidad. Uno debe situarse en ese instante de presencia y, desde allí, vivir en acción, en deseo. No somos lo que estudiamos, sino aquellos capaces de crear en cualquier instante.

Cerramos la sesión de «Paréntesis I» dejando abiertas varias preguntas:

En estos momentos, ¿concebimos el tiempo de la misma manera que antes del paréntesis? ¿Qué hemos hecho con él? ¿Qué estamos haciendo? ¿Lo hemos aprovechado? ¿Con la misma intensidad de antes? ¿Estamos creando ideas? ¿Estamos siguiendo aquellas que no dejan de estar presentes en nosotros? Atención a nuestra propia reflexión: ¿Qué nos estamos diciendo? ¿Qué pulsa en nosotros como necesidad expresiva? ¿Qué intentamos expresar con nuestro trabajo? ¿Qué nos motiva? ¿Cuál es nuestro propósito?

Los esperamos en el próximo (Paréntesis_dentro_del_paréntesis).

Gracias a todos.

Seguimos.


 

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