“Vestir la Desnudez” – Beatriz Hernández

Vestir la Desnudez

Vestir la Desnudez: No hay camino que haya tomado el arte en el cual no tenga lugar una manifestación plástica que presente el cuerpo

Vestir la Desnudez
Beatriz Hernández de Piedrahita en el proceso de creación de “Vestir la Desnudez”

de una mujer, cuyo mayor atributo es la infinita sugestión que emana del perímetro de su ser.

La línea curva surge cuando el ojo avizor descubre la silueta femenina. Cóncavo y convexo se hacen verdaderos allí y la sombra, como un pájaro, se cobija en ella. No es de extrañar, entonces, la ronda de un gallo que asoma su canto mudo en algunas piezas que se exponen.

Beatriz Hernández, mujer sin miedo a serlo, aventurera del color, aguerrida luchadora que cambió la “(…) lanza en astillero” de Alonso Quijano “Don Quijote de la Mancha” por el pincel en mano. Ella supo escapar a la estudiada representación de un desnudo tradicional para advertir sus contornos coloridos.

Sobre crudos soportes textiles que preñan de fuerzas telúricas medianos formatos de papel blanco, los dibujos se constituyen en altares donde se alojan, ingentes y mórbidas, mujeres en plenitud.

Pocos elementos nos distraen del objetivo propuesto: algún espectador lejano, un austero pilar o el generoso blanco. Nada atenta contra esa mujer que se recrea en su propio existir; hay en estas imágenes femeninas la intuitiva certeza del goce.

Cierto es que cada imagen, definida por un trazo oscuro —que no es continuo ni uniforme—, aparece reiterada en sucesivos perfiles, de cuya calidez nos cuentan los amarillos y anaranjados. Pero, más que un recurso estilístico, estas reiteraciones se yerguen como crecidas femineidades: epidermis, dermis e hipodermis pigmentan realidades tangibles, atrayendo al espectador a una trampa policroma.

Otras propuestas desdibujan la forma primigenia con la complicidad de un solo color saturado, donde obtiene, paradójicamente, la concreción elemental perseguida.

Vestir la Desnudez
Vestir la Desnudez – Beatriz Hernández de Padraita

La expositora muestra, además, otros trabajos particulares. Algunos de ellos en gran formato, cuya fidelidad dibujística nos permite entender el proceso evolutivo de sus creaciones, su intención investigativa tendiente a la depuración de la forma.

El desnudo femenino es, sin duda alguna, la musa más recurrente que ha tenido el arte; casi podría decirse que se ha constituido en sinónimo de lo bello. Esta muestra es una prueba de ello.

Obras y fotografía: Beatriz Hernández de Piedrahita

Texto original de Estella Bellan Silvera

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