“Perecer con la tarde”

Perecer con la tarde - foto by @jrmezerhane

Perecer con la tarde, es aprovechar la vida; ahorrarnos el sufrimiento de pensar de qué manera morirnos otra vez. Tomo el camino de la tarde, ese que se recorre desde uno mismo y que conduce a mí también, como el infinito da vueltas y revueltas, sin entretenerse en desvíos. El infinito conoce sus caminos, se sabe de memoria sus células, que lo transportan desde el origen hasta el final. Morir solo es posible para renacer.

Diluirse en un gris nocturno, combinarse con un plateado lunar, y estamparse en el cielo unas cuantas horas imprecisas. El descanso inmenso de ser la noche y apagar las voces, para que reine el silencio y se incube la paz. Recostarse en un ataúd de nubes, ya no para que lo vean a uno con un rictus mortuorio, sino para ver a los demás vivir, y respetar todos sus espacios. El amanecer es un acto obligatorio, pero hay que elegir despertar. Que el día inocule la algarabía, ese germen letal contra la desidia, para comparecer ante uno mismo y ante los demás, con la vergüenza, y la valentía, que da la humildad, de reconocer la magnanimidad de ser. Que mientras tanto, no existimos, y los vacíos no se tapan con dos dedos, ni con tres. Sea pues, la vida, una ceremonia religiosa que tenga el nombre que llevamos grabado en el corazón. Consentir la vida es entender la muerte, pero renacer es la verdadera revolución.

Verónica E. Díaz

Fotografía original de Je Rodríguez Mezerhane @jrmezerhane

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