El Miedo en la Literatura de Viajes Medieval

Bosque Oscuro

Compartimos esta reseña sobre el artículo «Las Huellas del Miedo en la Literatura de Viajes Medieval» de Pablo Martín Prieto, un interesante abordaje sobre la presencia emocional del miedo en la Edad Media y en el género narrativo de «viajes» propio de la época.

peregrinos

Nos parece más apropiado agregar un complemento con datos etimológicos sobre la palabra “Miedo”:

Conocemos la palabra inglesa Fear, «miedo». En Inglés Antiguo no existía en esa forma específica, sino bajo el adjetivo færan, que normalmente se traduce por «aterrador», fær, «calamidad», y fyrhto, tal vez el más parecido de todos al fear moderno.

En el Antiguo Sajón tenemos otra variante: faron, que designaba un estado de espera, inquietud, y acaso de inminencia; ya con un significado ligeramente distinto.

En Antiguo Alemán las cosas ya se tornan completamente diferentes. Por allí existía el término faren, «complotar», y feraz, «peligro». Los viejos norsos utilizaban la palabra færa, «burlar», y far, «daño, decepción».

Todas estas voces son los padres del miedo en los países del norte. Pero ninguna de estas palabras nos permite identificarnos con el miedo que intentan definir. No porque el miedo fuese diferente en aquellos tiempos, en todo caso, lo único diferente serían los móviles que lo disparan; sino porque cada pueblo tenía sus formas y costumbres para procesar el miedo.

Nuestra palabra Miedo proviene tal vez del latín Metus. Extrañamente, esta fuente sólo fue utilizada en nuestro idioma y en el portugués. El resto de las lenguas que bucearon en el latín para hallar una definición para el miedo eligieron como raíz la palabra Paura, «pavor»; por ejemplo en el francés paur.

¿Por qué esta distinción? ¿Por qué eligir una denominación distinta para algo tan universal como el miedo? Nadie lo sabe realmente. Pero quizás las cuestiones de género hayan jugado un papel preponderante en este asunto.

Todas las lenguas que abrevaron el término latín Paura le asignan al miedo una naturaleza femenina. En todas esas lenguas el miedo es mujer.

Cualquier relación entre este hecho aparentemente azaroso con la realidad de la mujer en esas sociedades es producto de la más ingeniosa especulación.” El Espejo Gótico. Recuperado el abril de 2015, de Etimología del miedo.:

Sin pretender extendernos más en estas disquisiciones, aportaremos también la relación que guarda “Miedo” con la etimología de “Misterio”, toda vez que su raíz griega (mysterion) significa en general lo que es imposible de conocer, lo que podría guardar relación con el miedo que describe el artículo.

Vale decir que el miedo como emoción, tiene la misma <fisionomía>, tanto en la edad media, como en la actualidad. Lo que cambia a nuestro entender es la forma en que éste es asumido y particularmente, los motivos o los estímulos que activan dicho estado.

Por otra parte y sin dMar_tenebrosoemasiado rigor psicológico, nos atrevemos a asegurar que es el estado pulsional del miedo, lo que también impulsa a los hombres a descubrir, explorar y dejar testimonio de su entereza como individuos.

Existe una característica importante de la edad media que marca una pauta en el abordaje de este tema. Se trata de la notoria movilidad de grupos sociales en esta época, que sin duda sirve de soporte y escenario para el registro cognitivo y estético de ese tiempo.

Por su parte, el peregrinaje, adquiere desde un matiz relevante, pero quizás menos idealizado, si se contrasta con todas los significados y riesgos que dicha acción conllevaba. «Las Huellas del Miedo» resumen muy bien dicha situación:

“los viajeros medievales encontraban en el camino: la ocasión de extraviarse, el hambre, la sed, los naufragios, las inclemencias del tiempo, el asalto y el robo, las agresiones de otros hombres y de animales, los engaños y extorsiones, las intoxicaciones y envenenamientos, las lesiones, las enfermedades congénitas o contagiosas…”

Semejante panorama,  lo describe muy bien la cita que hacen de Eberhard el Barbudo, conde de Württenberg, a propósito de su peregrinación a los lugares santos: «Hay tres cosas que nadie puede aconsejar ni desaconsejar: el matrimonio, la guerra y el viaje a  Tierra Santa, porque pueden empezar bien y acabar mal»

Habría que agregar aún el hecho mismo del porqué se llevaba a cabo una peregrinación, que en muchos casos tenía que ver con la expiación y cargos de conciencia por los pecados cometidos, por haber hecho una promesa ante una dificultad, o en cumplimiento de un castigo derivado de alguna infracción. Dentro de este abanico de posibilidades vale destacar, que en cualquier caso, generalmente se trataba de un hecho tanto penoso, como peligroso.

No obstante, creemos que el peregrinaje era algo que muchos también asumían decididamente y que en mayor o menor medida, los religaba con la idea de un re-nacimiento interno que sólo era posible por medio del acto exterior. Dicha idea la notamos en la referencia que hace el artículo sobre el Codice Calixtino (pieza literaria central de la gran peregrinación a Santiago de Compostela):

«El camino de la peregrinación es cosa muy buena, pero es estrecho. Pues es estrecho el camino que conduce al hombre a la Vida»

Pero lo más interesante es intento de clasificar o tipificar los miedos de la época en relación con los viajes y específicamente con las peregrinaciones. Haremos la siguiente síntesis:

  1. Miedo a la agresión: que parte del miedo fundado en el daño material, físico o psicológico que deriva de estar o sentirse acechado por enemigos, criminales o malhechores
  2. Miedo al Mar: las travesías por mar, implicaba un sinfín de riesgos que terminaban por ubicar en una posición vulnerable al peregrino o grupo de peregrino
  3. Miedo a la enfermedad: Era un miedo latente, puesto que era bien conocido temas como “la peste” y las consecuencias que esto tenía para sí mismo y para las personas alrededor.
  4. Miedo a la soledad: Diríamos que propio de una persona que en su individualidad, se advierte desprotegida ante la hostilidad del medio y sin las herramientas suficientes.
  5. Miedo a lo desconocido: Es interesante porque refleja no sólo el temor a lo que se desconoce, sino también a lo que nos es diferente: raza, lenguaje, valores, etc.

Tan importante como lo primero, es la clasificación de “los remedios frente al miedo”, que funcionaban  como una suerte de antídoto, entre los cuales mencionaremos:Templario1

  1. La Devoción: que se articulaba de en función del andamiaje religioso de la época, ya fuese por las prácticas religiosas (devoción al patrono por ejemplo), o por las directrices políticas o comerciales de la iglesia, pero que en su forma más llana siempre se orientaba hacia el fortalecimiento de la fe.
  2. El Conocimiento: En principio como un motivo que impulsa al ser humano, pero también como una herramienta de solución ante las situaciones difíciles.
  3. La Protección del poder: En esto sí que hay una implicación eminentemente política, pero en lo que respecta a la gobernabilidad, ya que la seguridad de los viajeros era un asunto de interés público.
  4. El Entretenimiento: Naturalmente puede verse como una necesidad que siempre ha existido. Sin embargo lo interesante aquí es que es planteada como una fuente para dispersar el miedo.

Queda claro que pretender clasificar el miedo en relación con cualquier época, es una sutileza que  requiere de un amplio conocimiento y poder de síntesis en el sistema de claves históricas, estéticas, políticas, artísticas y espirituales de ese momento de la humanidad, y al mismo tiempo,  abre campos de investigación y vías interpretación en el tratamiento de las emociones.

Leonardo Hernández H.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *