“Ambientación de Color Aditivo” con adición de despedidas.

Despedida Maiquetía

¿Y si toda la humanidad en realidad es ciega al rojo-verde, o al azul-amarillo?”
Ludwig Wittgenstein.

“Ambientación de Color Aditivo”
Cruz-Diez, C. (1974). Carlos Cruz-Diez. Consultado el 30 de marzo de 2015

Más de ochenta mil millones de pasos en muy pocos años, ocho millardos de pasos, cosas y gentes han configurado parte de sus memorias sobre la superficie del infatigable mosaico interior del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Maiquetía – Venezuela, pero quizá nunca lo habían hecho con tanta intensidad como en los cinco años recientes.

Realizada en 1974 por el reconocido artista venezolano Carlos Cruz-Díez, “Ambientación de Color Aditivo”, también conocida como “Cromointerferencia de color aditivo” es la obra de arte cinético, que en su gran formato plena casi la totalidad de la planta principal en el mencionado aeropuerto.

Con más de dos mil seiscientos metros cuadrados y durante cuarenta años, esta obra ha sido para millones de venezolanos la escenografía indiscutible de idas y retornos, una puerta que marca el inicio y el fin de innumerables periplos por los que discurren intenciones y motivos imposibles de inventariar.

Se puede decir que esta obra armónicamente integrada a la arquitectura del -aeropuerto de Maiquetía- (como se lo suele abreviar), es bastante más que la locación de un tránsito contingente. Se trata más bien, de un fragmento en la identidad y la cultura de unos ciudadanos.

Pero como no hay arte sin cambio, ni pertenencia sin pérdida, todo valor se aprecia más por su contraste que por su unidad. Es justo eso lo que desde hace unos cinco años aproximadamente viene sucediendo con el significado que se le atribuye a la obra de Cruz-Diez.

En ese desplazamiento jamás estable y con la turbulencia de los tiempos que corren, los hechos abren fisuras y vacíos en todo lo que nos rodea. Entonces aquella envolvente adición de colores, aquella rigurosidad de formas efectistas que antes se asociaban a la alegría de unas vacaciones o al logro placentero de un viaje, devienen en distancias casi obligadas y en abruptas despedidas.

Para nadie es un secreto que desde hace poco más de una década, Venezuela vive una inmanejable crisis política, económica, social y moral; no importa que indicador se observe, lo cierto es que la cifras siempre resultan adversas.

Cabe mencionar por ejemplo, que el país está considerado actualmente como uno de los más peligrosos del mundo en lo que a seguridad ciudadana se refiere, sobrepasando incluso las cifras de violencia de territorios que están en guerra.

Todo ello ha empujado a más de un millón y medio de personas a tomar la decisión de abandonar Venezuela en busca de mejores condiciones y calidad de vida, siendo naturalmente el aeropuerto de Maiquetía, el umbral que ya todos conocen pero que ahora se cruza con otra emoción, porque finalmente “Es mejor despedirse en Maiquetía que en el cementerio” (Peña, 2014)

Como protagonistas o espectadores, desfilan familiares y amigos, repitiendo -el guion del adiós-, en el que abrazos y lágrimas se han asociado estrechamente al lugar donde ocurren, interpretando así una imagen que ya es popular y que ha terminado por convertirse en una referencia visual de la diáspora venezolana, nos referimos naturalmente al mosaico de la terminal aérea.

¿Pero cómo se propaga un nuevo significado? ¿Cómo se pasa de una interpretación a un elemento de identidad? La respuesta es un enigma que sólo la historia revela, pero en la actualidad con el uso de las redes sociales, -nada ocurre sin que se sepa-, por eso tal vez -el que se va- siente la necesidad de dejar su testimonio, exhibirlo y compartirlo, arrancando así una imagen a su anónimo ego.

Nos hemos dado a la tarea de pasearnos por algunos de estos testimonios que abundan en internet y hemos encontrado que en la mayoría de los casos, lejos de ser la repetición banal de un patrón inducido por la moda, son un acto de diálogo con el espacio, en el cual se sintetizan el aprecio por la obra, la sensación de destierro y el acto comunicacional.

Abundaremos en ejemplos porque, tanto las imágenes como los textos que las acompañan, demuestran claramente lo planteado hasta este punto, sin menoscabo de la privacidad o identidad de sus autores, puesto que dichas imágenes están disponibles públicamente en redes sociales como “twitter” o “Instagram”.

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